El nacimiento de la Fundación Carlos Díaz Vélez se encuentra en el cumplimiento de la voluntad testamentaria de Mathilde Díaz Vélez (Patina) quien dispuso a sus herederos el fomento de la educación agrícola ganadera, a la que consideró de fundamental importancia para el crecimiento de nuestro país. Para ello, Mathilde legó tres campos.

En enero de 1990, en cumplimiento de su legado, se decidió dar inicio a una fundación, a la que se denominó "Fundación Carlos Díaz Vélez", en honor a su padre.